Omarela Depablos

Periodista

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Venezuela: entre la pandemia y la presión de Estados Unidos de América

FECHA: 17/04/2020
AUTOR(es): Omarela Depablos

Una cadena de decisiones significativas tomadas desde Washington pretende la asfixia del sistema político venezolano                                     

En tiempos de pandemia, quienes conforman el círculo más cercano al Sr. Nicolás Maduro, enfrentan presiones que supone un riesgo para su estancia en el poder. Expertos coinciden en que la estrategia de Estados Unidos reafirma su intención de coaccionar, socavar y derrocar a ese núcleo de poder.

En 2015, Barack Obama firmó la primera orden ejecutiva que abriría un largo camino hacia un espiral de sanciones que hoy cubre a Nicolás Maduro y a su círculo más cercano. Una escala, que penaliza desde funcionarios públicos hasta empresas estatales, y que según especialistas, “quizás”, ha llegado a su peldaño más alto con la amenaza de despliegue de una operación militar antidrogas en las costas venezolanas anunciada el pasado 1 de abril por el presidente de Estados Unidos de América, Donald Trump.

Una medida decretada tan solo un día después que voceros del cuestionado círculo de poder repudiara la reciente oferta de los Estados Unidos de América, que implica llevar a cabo un “Marco de transición política en Venezuela” a cambio de la suspensión de las sanciones impuestas, entre otras “condiciones”.

Pero el rechazo, “previsible”, de ese factor en disputa ante la propuesta estadounidense, a la que además catalogó como “miserable”, no solo le podría costar un bloqueo naval y aéreo en el Caribe, que en medio de un contexto global amenazado por el nuevo coronavirus, las recientes medidas de Estados Unidos de América agudizan la crisis política en Venezuela.

 Conflicto interno

Aún cuando el plan de la administración de Trump no garantiza retirar los cargos por narcotráfico imputados por el Departamento de Justicia contra trece altos funcionarios venezolanos, cada día que transcurre se cierran puertas hacia “una posible negociación jurídica”, así lo explica el internacionalista Luis Daniel Álvarez.

“Una cosa son estas medidas políticas y otras son las medidas judiciales, en el marco de una independencia de poderes entre el Departamento de Justicia y el mismo Gobierno de Estados Unidos de América”. En este sentido, “cuando las personas en un proceso colaboran pueden tener ciertas actitudes favorables a la hora de condena”, señala Álvarez.

Por otro lado, la oportunidad de ese factor de poder de “incidir y mantener” espacios dentro de la escena política venezolana, también se podría ver perjudicada, indica Álvarez. Pues, se debe destacar que el marco de transición presentado por Estados Unidos propone la elección de un nuevo Consejo Nacional Electoral (CNE) así como un Tribunal Supremo de Justicia (TSJ), para dar lugar a un Consejo de Estado, sin Nicolás Maduro y sin  Juan Guaidó, pero con participación de la bancada afecta al chavismo. Según el anuncio del enviado especial de Estados Unidos de América, Elliott Abrams, de este escenario fungiría un gobierno provisional hasta realizarse las elecciones presidenciales en Venezuela.

Si bien este acuerdo no está contemplado en la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, la renovación del CNE y el TSJ así como la devolución de las atribuciones al parlamento son medidas constitucionales, ya antes presentadas en el Estatuto de Transición aprobado por la Asamblea Nacional (AN) que preside Juan Guaidó en febrero del 2019. Bajo esta perspectiva, Álvarez cree la AN puede disponer de una administración que permita convocar a  unas elecciones.

No obstante, el politólogo Oscar Valles apunta que el error de Estados Unidos de América dentro del marco de transición recae precisamente en tomar en cuenta el Poder Público Nacional como componentes independientes y no como sistema de dominación complejo.

“Les ofrece levantamiento de sanciones y a las Fuerzas Armadas mantenerse, además, en sus cargos y privilegios. Pero eso no logrará que esas figuras rompan el bloque dominante, la llamada ‘negociación’ ellos la conciben como ‘traición”, cree Valles.

Para el especialista, el presente esquema de ejercicio de poder se puede calificar como “revolución”, que no se puede entender como una “‘dictadura’ en el sentido tradicional o clásico de la palabra”. Un concepto que a su criterio “aún le cuesta comprender a los Estados Unidos” y, como consecuencia, impide lograr sus objetivos de un cambio hacia la democracia en el país.

Pero aun siendo un bloque dominante autodenominado como una “revolución”, el internacionalista David Petit, señala que “estamos frente de un régimen golpeado con menos activos y escasos recursos económicos” para cubrir las demandas mínimas de la población ante la crisis ocasionada por el coronavirus, y además, con una capacidad operativa limitada para “si quiera maquillar una respuesta al bloqueo militar”.

“Sabemos que los últimos meses el régimen ha obtenido sus recursos por vías ilícitas, ahora, este tipo de sanciones y caos en el ámbito petrolero ha hecho que el país tenga serias deficiencias para obtener gasolina. Internamente les queda solo asfixiar y presionar a la oposición, como lo ha venido haciendo con los recientes secuestros al equipo de Guaidó”, enfatiza Petit.

Una realidad lamentable, que “posiblemente incremente y se extienda hacia circuitos de sustentación (medios, ONGs, asociaciones, etc) y la dominación social”, recalca Valles.

Apoyo internacional

 Si bien, ya son 24 países que apoyan el “Marco de Transición Política en Venezuela”, Petit resalta otro punto importante que ancla a Maduro al poder: el apoyo de Rusia y China. Ambos países poseen influencias en el país “con el fin de hacerle contrapeso a Estados Unidos de América en el sistema de equilibrio de poder mundial”.

Sin embargo, Álvarez cree que la inquietud de ambas potencias es evidente, siendo Venezuela un Estado “desastroso, que además tiene señalamientos por parte de la justicia”. Por un lado, el internacionalista destaca el silencio significativo de China y por otro, la situación que atraviesa Rusia, especialmente, con el reciente anuncio del cierre del negocio de la petrolera Rosneft y la venta de sus activos a otra sociedad rusa, luego de ser sancionada por la administración de Trump. Medidas que afectan las ganancias de un país poderoso militarmente pero con una economía que podría decaer un 7% este año, con un escenario donde “Las exportaciones disminuirán en un 2%, las inversiones se reducirán en un 6%, el PIB per cápita se reducirá de $ 11,500 a $ 9,500”, según la agencia de noticias rusa Tass.

 Por otra parte, la caída de los precios del petróleo Brent y la recesión económica mundial que se espera como consecuencia del coronavirus, podría significar un problema para la potencia. “¿Hasta qué punto van a desvivirse por Venezuela, cuando ellos tienen una situación interna complicada, cuando tiene una situación geopolítica difícil con Siria y Ucrania?”, se pregunta Álvarez.

“Intervención oficial, directa y unilateral”

 Mientras Nicolás Maduro acusa al gobierno de Trump por construir “una cortina de humo para ocultar el improvisado y errático manejo de la pandemia en Estados Unidos de América”, Washington insiste: “Es tiempo de que Maduro se vaya”. Una declaración contundente por parte del secretario de Estado, Mike Pompeo, que de acuerdo a los expertos, apunta a una presión internacional más profunda a la que se venía presentando en el país.

“Bloquear el punto neurálgico de transito de un país, hasta ahora significa una lucha contra un país, que debe dar un resultado definitivo”, señala Petit.

Según Álvarez, si bien Donald Trump es reconocido por ser un hombre impredecible que “juega a ser grande y a una economía de cierre”, no cree que esta decisión se tomó a la ligera. En un contexto global amenazado por un virus letal, sumado a elecciones presidenciales de Estados Unidos, las recientes medidas anunciadas  por su administración expresan el deseo del mandatario por una “intervención oficial, directa y unilateral en el conflicto venezolano”, señala Valles.

“Cada buque, cada marine, cada avión de EEUU, cuesta millones de dólares. Por tanto las acciones creo que se van a tomar en semanas o días. No es solo el costo económico financiero, sino político de mantener ese escenario en una situación a nivel global”, expresa Petit.

En este sentido, el internacionalista cree que la movilización y despliegue de fuerza naval para combatir el narcotráfico en aguas del Caribe, problemática que también afecta a los países de la región, se traduce en un punto no retorno para Estados Unidos de América o, incluso, “la última jugada” en su intento por derrocar a Nicolás Maduro, sobre todo cuando es probable que hayan cambios a nivel político en pocos meses, visto que “Trump se concentrará en las elecciones presidenciales de Estados Unidos a fin de año, que debe aprovecharse lo antes posible, especialmente por la oposición venezolana”.

Sin embargo, Álvarez cree que el interés de Estados Unidos de América se mantendrá indistintamente de quien esté en su administración. “Venezuela es parte del debate de la política estadounidense, independientemente del partido y de lo que ocurra.  Incluso, que se esté hablando del país en plena época del coronavirus indica la relevancia (…) a Estados Unidos no le interesa un foco de perturbación en las normas tradicionales del ejercicio democrático y de la pluralidad”.

Aunque el estado de alarma y la cuarentena nacional dada la pandemia por la Covid-19 han reafirmado los mecanismos de control del bloque dominante sobre el conflicto interno venezolano, sin duda, el escenario que propicia las medidas de la administración de Trump apuntan a una presión internacional más intensa a la que se venía presentando los últimos años por parte de Estados Unidos de América.

Ahora, si bien la propuesta de un marco de transición está sustentada eventualmente en abrir caminos para el establecimiento de la democracia, la posición firme de rechazo del círculo de poder de Nicolás Maduro ante tal propuesta también apunta a un posible conflicto interno que agudice la crisis económica y social, lo que amenaza y empeora la calidad de vida de miles de venezolanos, afectada ahora por el virus. En este sentido, el desenlace del conflicto entre Estados Unidos de América y Venezuela es incierto, y con ello una transición política.

 

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