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Educación virtual dificulta aún más una generación de relevo para Venezuela

FECHA: 05/10/2020
AUTOR(es): Alexa Vielma

La pandemia terminó de resquebrajar al sistema educativo, que ya acumula años de colapso. De no resolverse la crisis transversal que afecta a la enseñanza, estará en vilo el desarrollo de la nación

El año escolar 2020-2021 no comenzó con buen pie. La pandemia obligó al sistema educativo a adaptarse a la modalidad online. Una alternativa que resulta inviable en un país como Venezuela por las limitaciones en los servicios públicos. Este hecho ­–que se suma al resto de las carencias– compromete la formación de las próximas generaciones y pone en riesgo el futuro del país.

Jesús Díaz tiene apenas 11 años. La emergencia sanitaria se decretó cuando cursaba el segundo lapso del quinto grado y, ante las medidas de aislamiento social, tuvo que hacer su último trimestre de manera virtual. Ello no hubiese sido un inconveniente si en la zona popular de Ojo de Agua (Municipio Baruta) no se registraran apagones eléctricos a diario ni dificultades para la conexión con internet.

“Yo siento que este último trimestre aprendí poquito”, comenta. “Recuerdo la mitad de lo que me mandaron en clases, no mucho”, agrega. Jesús convive con su hermana Mirtha (25 años), quien estudia la carrera de Relaciones Industriales. De manera que ambos deben turnarse el teléfono o la computadora para cumplir con sus obligaciones.

Cada dos días, Mirtha debe recargar el saldo del celular para tener datos móviles y así ayudar a Jesús con las labores escolares o conectarse con sus padres que hace tres años emigraron a Panamá. De otra forma no sería posible. La realidad que afrontan estos hermanos para estudiar es un retrato de lo que se vive en el resto del país, por la precariedad de los servicios.

Educar sin Internet

El último informe del Observatorio Venezolano de Servicios Públicos indica que 63,5% de la población presenta fallas sostenidas de Internet y que sólo 34 % de los hogares venezolanos cuenta con conectividad. Aparte, 22,9% de la población afronta cortes eléctricos varias veces al día, lo que dificulta un desenlace positivo para la educación a distancia.

De ahí que Orlando Alzuru ­–educador y presidente de la Federación Venezolana de Maestros (FVM)– no duda en afirmar que la educación virtual en Venezuela “es un fracaso”, porque ni los alumnos ni los docentes disponen de la infraestructura tecnológica para realizar las actividades exigidas por el programa académico.

“El alumno no está aprendiendo, porque no comprende lo que le mandan. Ni los docentes ni los padres están capacitados digitalmente para impartir clases de esta manera”, enfatiza.

Yuri Briceño es maestro de quinto grado del colegio Madre Cecilia Cros, que pertenece a Fe y Alegría. Él no cuenta con una computadora. Así que tuvo que pedir una prestada, pero el equipo no tenía acceso a internet. “Culminar el último trimestre fue muy complicado.  Casi todos tuvimos muchas limitaciones por la falta de un dispositivo idóneo para cumplir con las clases virtuales”, afirma.

En su caso, no le quedó más alternativa que pedirle ayuda a sus vecinos, quienes le facilitaron un equipo con conexión. Igual, tuvo que afrontar otras dificultades. “Si quiero enviar una guía por Whatsapp, debo salir de la casa a otra zona del barrio para que el celular tenga cobertura y enviar los mensajes. Es una odisea cumplir con lo solicitado. Pero, bueno, todo sea por los estudiantes”, comenta.

El Gobierno lanzó el programa de televisión “Cada familia, una escuela”, que se transmite por los canales oficiales, como una alternativa para las familias que no cuenta con una computadora o un teléfono inteligente. Sin embargo, los expertos afirman que esta estrategia  tampoco ha ayudado a resolver la brecha de acceso a Internet y la precariedad de los servicios básicos para tener virtualidad.

Un estudio que realizó la Federación Venezolana de Maestros –en alianza con la Universidad Central de Venezuela, la Fundación para el Desarrollo Integral del Docente (Fundeind) y Hanns Seidel Stiftuing– arrojó que 98% de un total de 602 encuestados valoró como “regular y mala” la formación por este programa.

Al respecto, Alzuru asegura que la educación a distancia no está diseñada para enseñar sino para aprender. De manera que está más orientada a los adultos que a los niños. “Este tipo de educación exige que la persona haga uso de sus propios recursos para educarse”. Por tanto, la virtualidad que impone la pandemia no responde, a su juicio, a un modelo pedagógico.

Ingresos insostenibles

Foto: Sergio González / Docentes marcharon el 5 de octubre para exigir mejores condiciones.

Pese a las vicisitudes, Yuri se siente afortunado en comparación con otros docentes. Él, al menos, cuenta con un teléfono inteligente y ese equipo le permite dictar sus clases. Pero lamenta no contar con un ingreso suficiente que le permita adquirir un equipo que le facilite su labor. “Antes, tú salías y comprabas una computadora. El sueldo te daba para eso o para tener un celular. Ahora, eso no es así”, cuenta.

Luisa Pernalete, coordinadora de Educación para la Paz en Fe y Alegría, afirma que el problema de los salarios en el gremio ha venido escalando, hasta llegar a nivel de sobrevivencia. “La educación en este país está en riesgo. El derecho a la vida de los docentes se ve amenazado con estos sueldos, que llegan a 800.000 bolívares mensual (1.8 dólares según el tipo de cambio del Banco Central de Venezuela)”, indica.

De acuerdo con los cálculos del Centro de Documentación y Análisis Social de la Federación Venezolana de Maestros (Cendas-FVM), un docente necesitaría 6.906.073,51 bolívares ($25,86) para comprar lo mínimo. Lo que significa que un profesor en Venezuela requeriría 50 salarios para cubrir una canasta básica con base en cifras registradas en agosto.

De ahí que muchos docentes han renunciado a sus profesiones y han optado por oficios más rentables para subsistir. De hecho, cada vez son menos los estudiantes que se inclinan por la carrera universitaria de educación. “Esto es preocupante para el desarrollo de nuestro país, porque sin profesores capacitados no hay escuelas ni alumnos”, considera Pernalete.

En la actualidad, los educadores se encuentran reacios a comenzar este nuevo año escolar debido a que los salarios no son acordes a las necesidades y consideran que ello vulnera su derecho a la vida. “Estamos dispuestos a retomar las acciones de protesta. Así que no vamos a incorporarnos a clases, ni presencial ni por Internet, hasta que no se resuelva nuestro problema salarial”, destaca Alzuru.

Un conflicto gremial podría poner en jaque el regreso a clases. “El Gobierno ha mostrado mucha improvisación para el inicio de este año escolar, lo cual tendrá consecuencias negativas en el futuro”, indica Marino Alvarado, abogado y especialista en Educación de Provea. En su opinión, no se ha planteado un diálogo con los gremios educadores para que se revisen las preocupaciones en materia estructural y se atiendan sus necesidades.

Generación comprometida.

Luisa Pernalete considera que el mayor riesgo que se corre con la educación a distancia es la deserción. Por tanto, afirma que hay que lograr que el estudiante siga interesado en el colegio, a través de una buena relación con su maestro. “Si el vínculo emocional se rompe, hay más probabilidad de que abandone la escuela”, indica.

De acuerdo con la Encuesta Nacional de Condiciones de Vida (Encovi 2018), 28 % de los jóvenes no asiste a clases por fallas del servicio al agua y 22 % por falta de comida en el hogar. La crisis económica, la escasez de alimentos, las dificultades de transporte y la precariedad de los servicios públicos desmotiva a los jóvenes a considerar su educación como una prioridad.

Pernalete, aparte, considera que la falta de un pensum acorde a las exigencias del mundo actual también incide a que muchos estudiantes se aburran de la escuela. Por tanto, considera que un cambio en el plan de estudio es una tarea apremiante para que los niños recuperen su convicción por su educación y completen los grados académicos.

Este panorama es preocupante para el gremio debido a que se está perdiendo el capital humano que llevará a adelante las distintas áreas de la sociedad en el largo plazo. “Los niños que no puedan acceder a la educación se les dificultara su relacionamiento con otros y no tendrán oportunidades de progreso”, enfatiza Pernalete.

Alzuru comparte su inquietud porque, a su juicio, la preparación que están recibiendo los alumnos no es competente para el futuro que les toca. “Algunos serán profesionales. Otros no llegarán en la universidad, por falta de interés. No vamos a tener médicos, docentes, ingenieros y otras especialidades capaces de dirigir las instituciones del país”, sentencia.

“¿Qué le depara entonces a Venezuela dentro de unos 20 años sin una generación de relevo bien formada?”. Esta pregunta se la hacen varios expertos, debido a que los estudiantes en el país no están recibiendo una educación de calidad y se les promueve de grado sin tener las capacidades ni los conocimientos suficientes.

“Si esto no mejora, tenemos una generación perdida”, sentencia Pernalete.

Jesús desearía volver a la escuela, porque extraña a sus amigos. Pero sabe que no queda más que esperar a que la contingencia pase. Mientras tanto, Mirtha y él se preparan para asumir, con más resignación que optimismo, este nuevo año escolar. “Es difícil aceptar que esta será la nueva modalidad, porque realmente no significa aprender”, señala Mirtha.

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