Descargar

Aristeguieta Gramcko: gobernabilidad como muestra madurez política

FECHA: 25/01/2021
AUTOR(es): Alexa Vielma

El único miembro vivo de la Junta Patriótica, que coadyuvó en el derrocamiento de la dictadura de Marcos Pérez Jiménez el 23 de enero de 1958, asegura que, para llevar adelante al país, los políticos deben tener una ideología sólida y estar dispuestos a correr grandes riesgos.

El 23 de enero de 1958 fue un hito que marcó el inicio de la democracia en Venezuela. Seis décadas después de este momento, Enrique Aristeguieta Gramcko, quien fue representante del partido político COPEI en la Junta Patriótica, rememora el hecho en esta entrevista y rescata los aprendizajes que dejó la crisis de 1958 en materia de gobernabilidad democrática.

El detonante

En el año 1957, entre huelgas y reuniones clandestinas para deponer el gobierno militar de Marcos Pérez Jiménez, Enrique Aristeguieta terminaba su carrera de Derecho en la Universidad Central de Venezuela.

Para ese año, los partidos contrarios al Gobierno eran perseguidos. Muchos diputados se resguardaron en el exilio y había dirigentes encarcelados. Pocos militantes todavía quedaban en Venezuela, uno de ellos era Rafael Caldera, jefe del partido de tendencia socialcristiana, que vivía vigilado en Caracas por ser el único dirigente de la oposición que quedaba en el país.

“Varios políticos se preguntaban si Marcos Pérez Jiménez iba a tener esa válvula de escape, de convocar elecciones tal como lo estipulaba la Constitución de 1953. Este era el escenario ideal. Pero no fue así, en agosto de ese año, mete preso a Caldera para eliminar la presión de convocar a un proceso electoral”, narra Aristeguieta.

Luego, en noviembre, la dictadura había convocado a un plebiscito que no estaba contemplado en la Constitución. Esta situación fue el impulso para que los estudiantes y sindicatos salieran a realizar una protesta el 21 de noviembre para demostrar el desacuerdo popular.

La dictadura, en su afán de atornillarse al poder, se sentía muy segura de que la estrategia daría resultados. El plebiscito consistía en votar con una tarjeta azul en caso de apoyar al régimen y rojo, en caso de que no estar de acuerdo con renovar el gobierno.

“Los ministerios e instituciones públicas fueron obligadas a votar, a mí me obligaron. Para ese momento yo trabajaba como escribiente en un tribunal, pero me negué”, señala Aristeguieta.

Para ese momento, se había creado la Junta Patriótica.  “Hubo unos días de distribución de muchos, ya la actividad política estaba tomando cuerpo”, recuerda Aristeguieta. Esta junta tenía representación de los cuatro partidos políticos activos para el momento (Acción Democrática, COPEI, Partido Comunista de Venezuela y Unión Republicana Democrática), cuyos ideales se basaban en recuperar la democracia de Venezuela.

Además, había malestar dentro de las Fuerzas Armadas porque muchos militares no estaban de acuerdo con acciones de gobierno, algunas calificadas como atrocidades, que se cometían en nombre de sus miembros y dentro de esta institución.

Protesta en los sucesos del 23 de enero de 1958. Caracas. Fotografía @ArchivoFotografíaUrbana

La primera intentona y el derrocamiento

Así pues, cuando nadie lo esperaba, el primero de enero de 1958 los aviones invadieron los cielos de Caracas y los militares realizaron un intento de rebelión en contra de Marcos Pérez Jiménez. Pese a que este alzamiento fracasó, demostró que había una gran oposición dentro de las Fuerzas Armadas.

“El Gobierno estaba muy seguro de las elecciones, y liberaron a Rafael Caldera luego de 6 meses de mantenerlo preso para no crear la expectativa de elecciones. Yo fui a visitarlo, el 24 de diciembre y estuvimos conversando sobre la realidad política y lo que se estaba llevando a cabo”, cuenta Aristeguieta.

Este golpe movió a muchos sectores que habían tenido miedo de mostrar inconformidad. “Nosotros en la junta patriótica ya teníamos una intención con algunos grupos militares y comenzamos a trabajar en sintonía” señala Aristeguieta.

A los pocos días, al Palacio de Miraflores llega un pliego conflictivo firmado por el alto mando. Este fue un primer golpe que dejó en evidencia la fragilidad del Gobierno. A partir de aquí, los gremios emiten un manifiesto en el que solicitaban elecciones porque ya no se aguantarían esa forma de gobierno. Los intelectuales respaldaron esta solicitud que clamaba este proceso electoral.

“Con la dictadura cada vez estaba más debilitada, nosotros seguíamos trabajando con los grupos militares que se fueron consolidando. Tres días antes nos llega la solicitud de uno de los oficiales de la Marina que es necesario que se produzca una huelga general para que esto sea el detonante de la insurrección”, cuenta Aristeguieta.

La Junta Patriótica dudaba de que fuera posible, debido a que solo contaban con horas para organizar esa huelga, por lo que se sometió a votación. “La mayoría dijo que sí. Porque si esa era la meta había que intentarlo, había que hacerlo estallar y se logró. El día 21 de enero los periódicos no salieron, hubo huelga general de todo, hasta la iglesia estaba de nuestro lado”, apuntó.

“Esto estaba previsto para que ocurriera el 21 en la noche, pero el 22 no pasó nada. Nosotros, los cuatro que conformábamos la junta nos reunimos el 22 en la mañana en el parque Arístides Rojas ubicado en la Av. Andrés Bello, nadie sabía por qué. Hubo una demora de 24 horas”, señaló.

Esa noche del 22 de enero, se alzó la Marina y comenzó a avanzar sobre Caracas. Se mantuvo la gente en la calle y el 23 de enero de 1958 se dio el empujón final que generó la salida de Marcos Pérez Jiménez. Esa madrugada se escuchó el motor del avión presidencial -la vaca sagrada- llevándose al presidente derrotado.

“Este momento fue producto de una organización cívico-militar que hizo posible esta salida, todos estaban encaminados en la misma sintonía”, concluye Aristeguieta.

Enrique Aristeguieta (tercero por la izquierda) formó parte del grupo liderado desde 1957 por Fabricio Ojeda (primero por la izquierda) – Fotografía: ABC Internacional

¿Cómo fue su entrada en la Junta Patriótica?

R. Cuando estábamos preparando la huelga universitaria – había un comité de huelga – A mí me dice uno de los compañeros del Partido Comunista de Venezuela “Mira, la junta patriótica está necesitando a un miembro”. El que estaba disponible era yo, la dirigencia de COPEI estaba en el exilio, en la cárcel o escondida y dije, adelante, me incorporé e hice lo que pude.

Yo quería hacer algo más de lo que estaba haciendo así que fui a todas las reuniones que tuve que ir, del grupo que fuera, hice los contactos que tuviera que hacer, mi carro siempre estuvo a la orden para muchas cosas.

Esos primeros años estuvieron llenos de incertidumbre ¿Cómo fue el proceso para construir la democracia en el país?

R. Luego de la dictadura se formó una junta provisional, que fue apoyada de la forma más absoluta para darle solidez a ese gobierno transitorio. Este se comprometía a abrir la puerta a convocar las elecciones limpias.

En 1958 regresaron los diputados que estaban en el exilio. El primero que llegó fue Jovito Villalba y Gustavo Machado, luego llegó Rafael Caldera y Rómulo Betancourt. Nosotros, desde la Junta Patriótica bajamos en pleno a recibir a cada uno de estos líderes que regresaban al país y se respiraba un clima de unidad, yo te diría de patriotismo.

Para todos, la prioridad era salvar a Venezuela, había que abrir las puertas a la democracia y todos dijeron que esta sería la última de las dictaduras. Se generó un periodo muy interesante del 58 al 98. 40 años de regímenes democráticos de presidentes electos popularmente, 40 años de no reelección donde, además, los partidos de oposición podían llegar como candidatos y eso nunca había ocurrido en la historia de Venezuela

El Pacto de Puntofijo fue la respuesta de la necesidad de que existiera una unidad y se dio naturalmente. Había muchos problemas en el país, inclusive problemas económicos. Claro, no admite comparación de lo que está ocurriendo ahorita, pero fue un pacto de gobernabilidad, una muestra de madurez política.

Aunque el período de Betancourt fue todo menos un proceso pacífico, porque fue el comienzo de la insurrección comunista en el país. Antes se elegía el presidente y salía el congreso, y ese congreso que elabora una nueva constitución, que fue la constitución de 1961. Esta constitución tenía representación de todos los sectores, incluyendo al partido comunista.

¿Hoy en día se parecen esos líderes que estuvieron en su momento?

R. Han cambiado mucho las cosas. Marcos Pérez Jiménez fue un dictador, pero no vino a destruir, no dejó un país destruido. Cada presidente del siglo XX dejó algo positivo, a diferencia de lo que está sucediendo ahorita. La política fue muy diferente.

¿Usted cree que existan instituciones que estén haciendo algo parecido en este momento para recuperar la democracia?

R. No puedo comparar, pero no creo que haya alguna institución. El gobierno actual es muy difícil que salga por la vía electoral, algunos están soñando con un gobierno de transición hasta llegan a fantasear, con los partidos y este gobierno no. Cada negociación es para ganar tiempo.

¿Qué cree Usted que se debe hacer para construir en Venezuela institución y gobernabilidad?

R. Yo creo que sí tiene que haber un Gobierno de transición. Este debe estar constituido por los mejores cerebros del país, que asuman el compromiso de no tener aspiraciones políticas para el futuro. Para poder afrontar el presente que les tocará vivir.

A Venezuela hay que reconstruirla a menos de cero, y para eso se requiere muchos conocimientos, mucha inteligencia y habilidad, mucha honestidad. Luego de que se haya refundado el país que llegamos a ser, venga otra vez la alternabilidad republicana ¿Cuánto tiempo durará esa alternabilidad? Pues, no se sabe. Lo que sí es un requisito es que se debe buscar a los mejores en cada área, no importa que no se encuentren en ningún partido, quizá esto sea mejor, gente que trabaje por el país y no que quiera ser el próximo presidente.

El próximo gobierno de transición tiene que ser de gente dispuesta a quemarse, y a correr riesgos. Grandes riesgos. Mientras cada uno de ellos sepa que primero es el país y luego ellos, no hay problema.

Yo veo tan deshecho el país que los que vengan, tendrán que inventar sobre la marcha e ir apagando el fuego continuamente para sanear cada cosa que venga en el país. Luego habrá que realizar ciertas medidas para refundar el país. Recrear y refundar el país desde todo punto de vista.

 

Las opiniones y/o conceptos expresados en esta sección son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente la organización comparte lo expresado.