Carlos Di Bonifacio

Est. Ciencias Políticas

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Una epidemia entre el primer y el tercer mundo

FECHA: 27/04/2020
AUTOR(es): Carlos Di Bonifacio

A mediados de enero la nueva enfermedad que asolaba el norte de China parecía una amenaza lejana, extraña y desconocida. Una nueva especie de gripe, que afectaba al sistema respiratorio, parecía estar causando estragos en las zonas más poblada e importante del gigante asiático.

Los gobiernos alrededor mundo se declaraban listos y preparados para enfrentar la nueva amenaza. En pocas semanas, sin embargo, la situación se hizo insostenible y la improvisación obvia. La primera gran oleada del virus se esparció y propagó entre Europa y Norteamérica.

En pocas semanas los muertos se contaron en miles y los contagiados en cientos de miles, mientras que gran parte de los sistemas económicos de las naciones afectadas se encontraron paralizados y disminuidos.

En los países subdesarrollados el virus ha llegado más tarde y su propagación ha sido mucho más lenta. Mientras las zonas más afectadas del mundo, Europa y Norteamérica, ya pasan por la fase final de la epidemia, las naciones más pobres y poco preparadas, entran en las primeras fases de ella. Una crisis de magnitudes como la actual golpeará asimétricamente a los diferentes países y a diferencia de las naciones desarrolladas, las del tercer mundo se enfrentan a una catástrofe exponencialmente mucho peor por sus vulnerabilidades y carencias en las áreas que se revelarán más importantes durante la contención del virus y la posterior recuperación.

La epidemia repercute en casi la totalidad de las esferas sociales. Sin embargo, hay dos grandes campos de los cuales pueden generarse las consecuencias más graves y que por tal motivo han tenido la atención casi exclusiva de las acciones gubernamentales. El primero es la lucha desde la perspectiva sanitaria y médica. El segundo, que se ha revelado cada vez más importante, es todo lo relacionado con las consecuencias socioeconómicas de la epidemia.

Respecto al primero, la situación en los Estados Unidos de América (EE.UU), en Italia, España y otros países demuestra como inclusive los sistemas sanitarios más desarrollados del mundo flaquean a la hora de enfrentar la epidemia. La capacidad sanitaria ha sido casi totalmente superada en muchos de los países afectados a la vez que los sistemas de contención no han sido totalmente eficientes a la hora de aislar y reducir la difusión del virus. Si los sistemas sanitarios de las naciones más desarrolladas se han revelado como casi insuficientes y apenas han bastado para contener el crecimiento exponencial de los contagios y las muertes es lógico suponer que aquellas que no gozan de los mismos, enfrentarán una realidad mucho más cruda.

Sin hospitales, respiradores, y recursos médicos en general, los muertos en tales naciones podrían ser muchos más que los vistos hasta ahora. De hecho, se estima que del total de casos confirmados el 15% de los contagios debe ser hospitalizado y el 5% debe ser destinado a terapia intensiva[i], terapia sin la cual todos aquellos pacientes que la necesitarán y no la tuvieran, morirían.

Por otro lado, un sistema sanitario desarrollado permite no solo reducir el número de fallecidos, sino a contener la difusión del virus y los posibles nuevos focos infecciosos que vayan surgiendo en un territorio. Recursos y estructuras médicas destinadas no solo a la cura de los enfermos, sino a la búsqueda y seguimiento de posibles infectados, como el caso de Corea del Sur, son vitales para poder reducir las duración e intensidad de la epidemia.

Mientras países como Italia, Alemania, España, Reino Unido y tantos otros, se apoyan en sus sistemas sanitarios para contener la difusión y lograr una reapertura en pocos meses, las naciones subdesarrolladas del mundo se podrían encontrar en una situación de un indefinido colapso sanitario y por lo tanto también social y económico.

Respecto al segundo campo, las consecuencias económicas de la epidemia se presentan cada vez más como el verdadero problema de la coyuntura. Después de años de un relativo crecimiento económico sostenido, el Covid-19 causará estragos en las economías afectadas. Países como Italia y España verán su PIB descender hasta 9 puntos porcentuales y los otros países no se alejan de esos números[ii]. El shock de oferta provocado por las medidas destinadas a contener la difusión del virus han paralizado el aparato productivo y la oferta servicios en las economías involucradas. Bancarrota, desempleo y pobreza son los fantasmas que yerguen cada vez más amenazantes.

Para aligerar las consecuencias económicas, los gobiernos deberán introducir grandes planes de estímulos fiscales. Esto con el objetivo de dotar a las empresas, personas y actores económicos de la liquidez necesaria para mantenerse en pie mientras dure el periodo de parálisis social. Economistas como el nobel Paul Krugman, en un artículo en el NYT[iii], y el expresidente del BCE, Mario Draghi en la revista Times[iv], han coincidido en la necesidad de políticas de este tipo. Desde las diferentes instituciones financieras gubernamentales globales se preparan paquetes de estímulos fiscales, nunca antes vistos.

Mientras las naciones desarrolladas gozan de un conjunto de instrumentos financieros para contener la crisis económica, los países del tercer mundo no corren con la misma suerte. Con economías mucho más frágiles, pequeñas e informales las consecuencias de la recesión serán mucho mayores y los instrumento para enfrentarlas muchos más reducidos. Devaluación de las monedas nacionales, economías profundamente informales, escaso ahorro privado y, principalmente, la ausencia de la posibilidad de acceder a grandes cantidades de dinero para estimular sus economías durante las fases críticas, son las principales carencias y debilidades que harán mucho más difícil y traumático la superación de la crisis.

Dentro de la gran pandemia hemos visto en general los efectos en países desarrollados. Ricos y con sistemas de asistencia social y médica eficientes. Los próximos meses veremos los efectos en la otra parte del mundo, más pobre y más vulnerable y mientras en el primer mundo toda la coyuntura podría significar solo algunos meses de retroceso, en el tercer mundo podría devolver a muchos países a varios años en el pasado.

[i] Ilsole24ore, Nuovo studio: 0,6% la letalità di Covid-19 sul totale dei contagiati. La necessità di ricovero cresce con l’eta https://www.ilsole24ore.com/art/nuovo-studio-06percento-fatalita-covid-19-totale-contagiati-necessita-ricovero-cresce-l-eta-ADRVDSI?refresh_ce=1

 

[ii] FMI, World Economic Outlook, april 2020

https://www.imf.org/en/Publications/WEO/Issues/2020/04/14/weo-april-2020

 

[iii] Paul Krugman, New York Times, Will We Flunk Pandemic Economics?

https://www.nytimes.com/2020/04/06/opinion/coronavirus-economy.html?smid

 

[iv] Mario Draghi, Financial Times, Draghi: we face a war against coronavirus and must mobilise accordingly https://www.ft.com/content/c6d2de3a-6ec5-11ea-89df-41bea055720b

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