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Sobrevivir a la deuda del “coronavirus”

FECHA: 11/05/2020
AUTOR(es): Homero Gutiérrez

Los gobiernos de los países desarrollados vienen desplegando políticas fiscales expansivas con el objetivo de atenuar el impacto del COVID19 en sus economías y complementar las acciones de los bancos centrales para sostener el crédito, la actividad económica y la estabilidad del sistema de pago. Las políticas han estado enfocadas en proveer recursos para programas de apoyo directo a hogares vulnerables, así como un esquema de garantías y líneas de crédito dirigidos a empresas. En algunos países, la magnitud de estos programas estaría superando el 10% de su Producto Interno Bruto (PIB), muy por encima de los recursos comprometidos durante la pasada crisis financiera de 2008-2009.

El dinero para la contención de los efectos económicos del COVID19 provendrá del endeudamiento público. Al cierre de 2020, la deuda pública de los países desarrollados pasará a representar un promedio de 122,4% del PIB, un crecimiento de 17,2 puntos porcentuales, mientras el endeudamiento de los países emergentes se ubicará en torno a un promedio de 62,0% del PIB, un alza de 8,8 puntos porcentuales, según cifras del Fondo Monetario Internacional (FMI). La crisis del COVID19 estaría llevando a los países emergentes a una situación vulnerable, aunque su nivel promedio de endeudamiento no ha llegado a los extremos de los países desarrollados. La evidencia señala que los países emergentes son “intolerantes a la deuda”, y por lo tanto, más propensos a caer en default con menores índices de endeudamiento[i].

A diferencia de los países desarrollados que estarían emitiendo deuda a largo plazo a tasas muy bajas, los países emergentes tendrán que asumir costos relativamente más elevados para financiar sus déficits fiscales y obtener los recursos para contener los impactos económicos de la pandemia. En Latinoamérica, Perú y Chile, ambos con una sólida posición fiscal, han logrado colocar deuda a tasas favorables durante la crisis del COVID19, lo que ha permitido financiar los paquetes de ayuda fiscal más importantes de la región, que incluso se estarían acercando en magnitud relativa a los desplegados por los países desarrollados[ii]. La mayor disponibilidad de recursos para amortiguar el impacto económico de la pandemia en hogares y empresas estaría sentando en ambos países las bases para una rápida recuperación.

Otros países de la región que no poseen una posición fiscal tan sólida, tendrán más dificultades para obtener los recursos para contener el impacto económico de la pandemia, lo que se traducirá en un mayor número de cierre de empresas, más inflación, más desempleo y más pobreza. Argentina (al borde del default), Ecuador (elevado endeudamiento) y Bolivia (alto déficit fiscal) se encuentran en una situación muy comprometida. Un capítulo aparte es Venezuela que se encuentra transitando una depresión económica sin precedentes en la región, y sin la capacidad de producir políticas públicas que permitan amortiguar el impacto del COVID19, terminará profundizando la crisis humanitaria.

El significativo crecimiento del endeudamiento público como resultado de la crisis del COVID19 anticipa un inevitablemente aumento de la presión fiscal sobre empresas y hogares en los países desarrollados. Sin embargo, en los países emergentes, y en especial en Latinoamérica, los elevados niveles de endeudamiento público constituirán un reto para la sostenibilidad de las cuentas fiscales. El repago de la deuda consumirá una fracción más importante del presupuesto público y limitará los recursos disponibles para los programas sociales y la inversión pública.

La pandemia tendrá un impacto negativo en las actividades turísticas y en el volumen de remesas recibidas por los países afectando la actividad económica y el empleo, mientras que la menor actividad interna y el menor precio de las materias primas reducirá el flujo de divisas y la recaudación de impuestos en los países. La magnitud de la crisis terminará afectando las perspectivas de crecimiento en los países de la región mucho más de las previsiones del mercado, traduciéndose en una inminente rebaja en la calificación de riesgo de crédito en los países más vulnerables encareciendo el costo de emisión y refinanciamiento de la deuda.

Si no puedes subir impuestos, prepárate para crecer

En los países emergentes, los “policymakers” no tendrán margen de maniobra para subir los impuestos o emitir mucha más deuda para balancear sus golpeadas cuentas fiscales, como sí ocurrirá en el caso de los países desarrollados que tienen una base de recaudación más amplia y teóricamente podrían continuar emitiendo deuda con tasas de interés por debajo de la tasa de crecimiento económico. En Latinoamérica, las quiebras de las pequeñas empresas y comercios, así como el menor precio de sus principales productos de exportación, tendrán un impacto negativo que anticipan recesiones más acentuadas con efectos más prolongados que terminarán incrementando los niveles de desempleo y pobreza.

En la región, el número de empleos formales que estarían desapareciendo por el impacto del COVID19 podría alcanzar los 17 millones en América Latina y el Caribe, mientras que la tasa de informalidad podría alcanzar el 62%, según escenarios del Banco Interamericano de Desarrollo (BID)[iii]. La importante pérdida de empleos, crecimiento de la informalidad y la mayor pobreza en la región limitará la capacidad de las empresas y hogares para soportar una mayor presión fiscal. Por lo que parte de esfuerzos para devolver la sostenibilidad de la deuda pública deben enfocarse en recuperar rápidamente el ritmo de crecimiento económico para comenzar a reducir el tamaño de la deuda como proporción del PIB a niveles manejables.

En Latinoamérica, las políticas “post-coronavirus” deben orientarse a generar urgentes mejoras en la productividad y competitividad de las economías, que permita a la creación de empleo a bajo costo y sentar las bases para un crecimiento sostenido en los próximos años que reduzca el nivel de endeudamiento relativo al tamaño de la economía. El proyecto “Doing Business” del Banco Mundial contiene una evaluación completa y recomendaciones de política, que pueden servir de guía para lograr aumentos de la productividad, competitividad y mejorar el ambiente de negocios, que permitan a los países recuperar los niveles de empleo previos al COVID19.

Los países que tienen una regulación laboral flexible tienden a tener un menor número de empleo informal, mientras los que brindan más facilidades para hacer negocios tienen en promedio niveles más elevados de emprendimiento[iv]. El ranking “Doing Business 2020” muestra que los países de Latinoamérica mejor ubicados en facilidad de hacer negocios son Chile en el puesto #59, México en el puesto #60 y Colombia en el puesto #67, sobre un número de 190 países evaluados. Sin embargo, la región ha mostrado pocos avances en los últimos años en cuanto a temas relacionados con apertura de nuevos negocios, pago de impuestos y resolución de quiebras.

El éxito en la economía “post-coronavirus” requiere de un compromiso de los países para remover obstáculos para iniciar un negocio, acelerar los procedimientos de resolución de quiebras y disminuir sustancialmente el resto de regulaciones que tienen que enfrentar los emprendedores, startups y pymes.

Una menor carga regulatoria permitirá crear mejores condiciones la creación de nuevas empresas y empleos que reemplacen los perdidos durante la pandemia. La adopción de los nuevos modelos de negocios y la economía colaborativa no es la panacea para los problemas económicos de Latinoamérica pero permitirán generar un ambiente de innovación, competencia y emprendimiento local, así como la reducción de costos que atraerá nuevas inversiones y talentos.

La mayoría de los gobiernos de la región no tienen la posibilidad de aumentar los impuestos para recomponer la sostenibilidad de sus cuentas fiscales y hacer frente al mayor nivel de endeudamiento “post-coronavirus”.  Los países deben dejar atrás un entramado de regulaciones y prácticas empresariales obsoletas y adaptarse para convertir a las nuevas tecnologías, la automatización de los procesos, el teletrabajo, el emprendimiento y la economía colaborativa en los “drivers” del crecimiento económico en los próximos años.

[i] Carmen M. Reinhart & Kenneth S. Rogoff & Miguel A. Savastano, 2003. «Debt Intolerance,» Brookings Papers on Economic Activity, Economic Studies Program, The Brookings Institution, vol. 34(1), pages 1-74.

[ii] World Bank. 2020. La Economía en los Tiempos del Covid-19. LAC Semiannual Report; April 2020. Washington, DC.

[iii] Banco Interamericano de Desarrollo. 2020. ¿Cómo impactará la COVID-19 al empleo?: Posibles escenarios para América Latina y el Caribe, Abril 2020. Washington, DC.

[iv] World Bank. 2020. «Doing Business 2020»,  World Bank Publications, The World Bank, number 32436, December 2019.

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