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Si de la Gobernabilidad Democrática se trata

FECHA: 15/09/2020
AUTOR(es): Rommer Ytriago

La Gobernabilidad Democrática es un término de reciente data que ha dado mucho campo para analizar su significado -tan amplio como difuso-, gracias a los alcances que proyecta y, a las condiciones por las que deja de existir, bien sea porque haya desaparecido el Sistema Político en el que actúa o porque fenómenos como la Ingobernabilidad –su antítesis- haya surgido e inundado la dinámica política en determinado momento.

Por ello que en el panorama político pareciera ser insistente la idea de no dejar de conceptualizar, categorizar e incluso jerarquizar términos, lo cierto es que este ejercicio puede ser el más idóneo para interpretar la realidad de países como Venezuela y de las situaciones complejas que condicionan el acto político de gobernar y/o ejercer el gobierno.

Ejemplo de ello sería la intromisión de las autocracias, los totalitarismos (como Sistemas Políticos) y, ahora más reciente, situaciones especiales que transgreden todo orden como lo ha hecho la pandemia del Covid-19.

Manuel Alcántara Sáez (1994), ha expresado que “puede entenderse por gobernabilidad la situación en que concurren un conjunto de condiciones favorables para la acción de gobierno que se sitúan en su entorno (…) o que son intrínsecas a éste” mientras que por ingobernabilidad “se refiere a una situación disfuncional que dificulta la actividad y capacidad gubernamental” (p.11).[i]

Lo resaltante de todo esto, es el hecho de que la gobernabilidad refiere al ejercicio del gobierno -en tanto control de ambiente y resultado- y, que puede existir en distintos tipos de Sistemas o Regímenes Políticos, pero el solo hecho de tener el condicionante “Democrático” le reviste de cualidades específicas para su ejercicio como “buen gobierno”, gobierno democrático o gobierno en democracia.

De allí que se aspire a que su acción esté compuesta de una eficacia y una eficiencia de legitimación por el apoyo y aceptación de la sociedad -vía hechos- y que persiga siempre la realización efectiva de sus propósitos dentro del marco de la legalidad, es decir, apegado a los fines que le corresponden como gobierno sin anteponerse o rebelarse contra el orden constitucional y democrático.

Por tales elementos básicos, más que referirse a los desafíos que se presentan a la hora de gobernar (pobreza, desempleo, marginalidad, educación y salud), que son solo una parte del asunto en materia de políticas públicas -que lógicamente debe atender-, lo que realmente importa es que debe ser visto y evaluado por las ejecutorias que sostiene para el equilibrio y la estabilidad de un Sistema Político, en particular, la Democracia.

Es así como Rafael Caldera (2014) sitúa que, si de gobernabilidad en un gobierno democrático se trata, las condiciones de su existencia serían “(i) rectitud en la ejecución de los actos, (ii) transparencia y equilibrio en el sistema electoral, (iii) honestidad y firmeza en la conducta de los gobernantes, (iv) preocupación por el interés colectivo por encima de las parcialidades” (p.29-30).[ii]

La primera refiere a la forma en que se comporta un gobierno desde la perspectiva de sus desempeños; la segunda al respeto por el juego político en que el árbitro electoral debe ser garante para presentar y aceptar las alternativas y alternancias de la toma de decisiones de la ciudadanía.

En cuanto a la tercera, Caldera se refiere a la relación frente a los poderes del Estado y la Sociedad; por último, a la atención de Políticas Públicas destinadas a los grandes problemas sociales y económicos en búsqueda de beneficios para todos ciudadanos.

Estos elementos parecen simples aspiraciones -buenos deseos-, pero son las cuestiones más difíciles de realizar, porque sufrir de los males que erosionan el desempeño del Sistema Democrático y del acto de gobernar, están a la orden del día por el hecho de existir factores como la corrupción, el populismo, las tentaciones ideológicas autocráticas y totalitarias.

No en vano que de ello se desprenden los problemas que atraviesan en particular las Repúblicas democráticas en el momento actual, de modo que -el buen gobierno- se ha convertido en una aspiración como tan anhelado es gobernar en democracia o tener un gobierno democrático.

Estas variables negativas, a su vez, juegan a favor de una ingobernabilidad que pudiera referir a “un desequilibrio que no se ha podido resolver dentro de marcos legales y que debe ser solucionado por ellos”. Como al hecho de que “no es un estado de crisis social sino de crisis gubernamental que puede llegar a buen fin a través de las instituciones que constituyen al Estado de derecho” (Montero, 2012, p.11).[iii]

Sin embargo, se debe hacer la salvedad que también estas causales producen gobernabilidad -a la fuerza-, para la consolidación de otros regímenes políticos, que, con cierta capacidad de control, el cuerpo político dominante que les dirige usa a su favor para pervertir el modo armónico -democrático- en que se engrana Estado, Sociedad y Política.

De allí que el hecho de la legitimidad y legalidad pase al olvido frente a la eficiencia y eficacia para el logro de resultados que jueguen a favor del sostenimiento de otro orden político, social, económico y cultural -en el caso venezolano- antagónico al concebido constitucionalmente.

Todo lo dicho, compone el esfuerzo que desde la perspectiva de la política y del poder se debe centrar para la superación de dificultades de los problemas públicos, de las demandas sociales y los factores de poder para la operatividad del Sistema Democrático.

No obstante, el reto que Venezuela tiene por delante, para llevar a cabo las aspiraciones de libertad política, paz, justicia social, reinstitucionalización y desarrollo armónico, pasa por el concurso del pluralismo político e ideológico que permee el acto de gobernar para garantizar la paz y el bienestar de los gobernados.

Solo así, si de Gobernabilidad Democrática se trata, la aspiración de poseer un gobierno democrático, un buen gobierno o un gobierno en democracia podrá lograrse.

[i] Alcantara S, M. (1994). “De la Gobernabilidad”, en Gobernabilidad y Democracia, Revista América Latina Hoy, vol. 8.

[ii] Caldera, R. (2014). “Los desafíos de la Gobernabilidad Democrática” Biblioteca RC, Editorial Cyngular.

[iii] Montero, B. J,C (2012). “Gobernabilidad: Validez/Invalidez o moda del concepto”. Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales, vol. LVII, núm. 216, Universidad Nacional Autónoma de México.

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