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¿Cómo nos fue en 2020 y qué nos espera en 2021?

FECHA: 18/01/2021
AUTOR(es): Homero Gutiérrez

El año 2020 representó el séptimo año de contracción económica y el tercero de hiperinflación para Venezuela, un desempeño que se ubica entre los peores en la historia de la región. La contracción de la actividad económica estaría alcanzando en 24,5%, mientras la hiperinflación se habría ubicado en 2.610%, según el escenario de Venpaís, Centro de Ideas.

Esto representa una caída acumulada de la economía de 69,6% desde 2013, mientras la combinación de inflación y devaluación mantuvo el salario mínimo alrededor de un dólar mensual.

La precaria situación económica que muestran estos números es el resultado directo de la aplicación del modelo socialista por más de 16 años, de las sanciones de Estados Unidos que cumplen poco más de 2 años de vigencia y del impacto de la pandemia sobre el comportamiento de los hogares y los confinamientos radicales marcaron buena parte del año 2020.

En este período, Venezuela enfrentó un declive en su producción de petróleo pasando a producir alrededor de 441 mil b/d a diciembre 2020 desde los 3,2 millones de b/d de 1997, pese a disfrutar de precios del petróleo más elevados a los registrados en la década de los noventa.

El año que recién termina pudo haber sido mucho peor. Imaginemos por un momento, cuál habría sido el impacto económico y sanitario de la pandemia bajo un entorno de crónico desabastecimiento con interminables filas afuera de los comercios, con nuevas ocupaciones de empresas y la persecución de las operaciones en divisas, así como el asedio continuado a la iniciativa privada por parte del Estado.

Sin duda que los resultados habrían sido mucho peores en términos de contracción económica e hiperinflación, pero también mucho más dramático en términos de contagios y fallecimientos por COVID-19, en una sociedad que presenta serias deficiencias nutricionales y con un sistema de salud sin capacidad de respuesta.

El comportamiento más permisivo que ha venido mostrando la administración nacional con la actividad empresarial privada, explicaría que, en medio de una pandemia se haya desacelerado la hiperinflación y la economía no haya mostrado una contracción más fuerte con la debacle de la producción petrolera.

En los últimos 3 años, se puede ver un cambio en las acciones del gobierno con el desmantelamiento del control de cambios, permitiendo la indexación de los créditos comerciales[i] y desconociendo por acción u omisión buena parte de su legislación que imponía una férrea regulación y control sobre los márgenes de ganancia y precios, que asfixió al sector privado.

Esto no significa que absolutamente transitemos hacia una economía de mercado y la ampliación de las libertades económicas, vista la debilidad institucional y en la protección de los derechos de propiedad.

Las iniciativas formales e informales del oficialismo en materia económica, permitieron a determinadas empresas la libertad de fijar sus precios y generar un flujo de importaciones que ayudó a restablecer cierto nivel de abastecimiento sin la intervención del Estado.

Mientras se promueve la circulación del dólar y otras monedas en Venezuela. Aunque no se puede hablar de una dolarización formal, un mayor número de transacciones cotidianas se denominan y se realizan en divisas, lo que puede interpretarse como una versión rudimentaria de un esquema de libertad monetaria[ii], que contribuye a proporcionar cierto impulso en la economía venezolana.

Sin embargo, la informalidad y no bancarización de las transacciones en divisas está teniendo un efecto negativo sobre los hogares de menores ingresos, excluyendo a este importante segmento de parte de los beneficios del acceso a una moneda estable.

Las transacciones de menor cuantía están afectadas por la baja circulación de billetes (dólares, euros, etc.) de baja denominación para pagar y recibir “vuelto”. Esto conduce inevitablemente a un redondeo de los precios en divisas y dificulta que los hogares de menores ingresos puedan realizar transacciones en moneda extranjera dejándolos cautivos del bolívar.

Los precios en dólares más elevados en Venezuela, con respecto a los que observamos en otros países, no es atribuible al redondeo ni tiene que ver con el concepto de “especulación” que se ha instalado en buena parte del discurso de la opinión pública. Los precios más elevados en divisas que observamos en Venezuela son consecuencia directa de la escasez relativa de bienes y servicios.

La menor oferta relativa en el mercado venezolano es el resultado de operar en un país con serias deficiencias en su infraestructura básica (electricidad, agua, internet, etc.), así como de los elevados riesgos de operación (legales, financieros y económicos) que exigen una rentabilidad mucho más alta, que limitan la expansión de la oferta privada de bienes y servicios.

Recientemente, la administración nacional anunció la posibilidad de apertura de cuentas bancarias en divisas en el sistema financiero local, a pesar que su implementación no es nueva[iii], ahora la novedad es que las cuentas servirán para realizar pagos entre personas y comercios.

La medida vendría a resolver la escasez de billetes de baja denominación en divisas al poder pagar en divisas con medios electrónicos del sistema bancario local, evitando el efecto redondeo y ampliando el uso de las divisas en transacciones más pequeñas. La bancarización de las operaciones en divisas deja la puerta abierta para que el sistema bancario comience a recibir depósitos y ofrecer créditos en divisas.

La menor presión del Estado en la economía, se ha traducido en mejores niveles de abastecimiento y cierta reanimación de la actividad económica, que ofrecen un respiro a hogares y empresas que venían enfrentando el deterioro de la situación económica. Es importante señalar que los beneficios de una relativa estabilidad (o reducción de la velocidad del deterioro) será más apreciable en Caracas y en los principales centros urbanos, que no puede extrapolarse a ciudades y poblaciones más pequeñas.

Al inicio del 2021, todo parece indicar que el poder central continuará mostrando un comportamiento muy pragmático en materia económica, con el objetivo de aprovechar el esperado rebote de la economía en la post pandemia.

Bajo este rumbo, los próximos pasos lógicos del oficialismo estarán dirigidos a ceder la gestión a particulares de los activos ocupados o bajo propiedad del sector público, para recuperar cierto nivel de operación y producción de la capacidad instalada del país. Es posible que la figura de la Asamblea Nacional seleccionada a través del evento del pasado mes de diciembre por el oficialismo, persigue emitir nuevos instrumentos para materializar los objetivos de la Ley Antibloqueo y así construir cierto piso de “legalidad”, que le permita márgenes de maniobra mucho más amplios y el acompañamiento de sus socios geopolíticos.

Más allá de la legalidad de la Ley Antibloqueo y la legislación que pueda generar la nueva Asamblea Nacional controlada por el oficialismo, la sociedad venezolana debe entender que la privatización de todos los activos empresariales en manos del Estado – incluido el discutido caso de PDVSA-, es una medida indispensable para la recuperación económica del país.

No obstante, la eventual cesión de los activos bajo el control del sector público a particulares, con el actual marco legal e institucional, no se traducirá en inversiones, mejora en la confianza y crecimiento económico, que usualmente acompañan a un programa tradicional de privatización.

En un escenario de continuidad del pragmatismo del oficialismo, la economía podría detener su caída con un crecimiento nulo o positivo en 2021 (dependiendo de la evolución de la pandemia), lo que pondría fin a la más extensa y profunda contracción económica del país y de la región. El proceso hiperinflacionario continuará la tendencia descendente pudiendo ubicarse en una inflación de 1.000% anual, en la medida que muchas más transacciones se realicen en divisas.

Los riesgos del escenario de continuidad del pragmatismo están concentrados en 2 ámbitos bien definidos. El primero, un recrudecimiento de los contagios y la falta de un acuerdo político (oficialismo-oposición) para importar suficientes vacunas, que sin duda deteriora los resultados esperados para el 2021. En segundo lugar, un descenso del flujo de divisas proveniente de la producción petrolera y las remesas afectaría la continuidad del nivel actual de importaciones y el control del financiamiento monetario.

[i] Gaceta Oficial Nº 41.742: Resolución del BCV que establece que los créditos comerciales en moneda nacional otorgados por la banca deberán ser indexados a la Unidad de Valor de Crédito Comercial (UVCC) en https://www.finanzasdigital.com/2019/10/gaceta-oficial-no-41-742-resolucion-del-bcv-que-se-establece-que-los-creditos-comerciales-en-moneda-nacional-otorgados-por-banca-deberan-ser-indexados-a-la-unidad-de-valor-de-credito-comercial-uvcc/

[ii] Entendiendo la libertad monetaria como la posibilidad de que los ciudadanos pueden decidir la moneda en la que ahorran, denominan y realizan sus transacciones habituales.

[iii] Resolución del Banco Central de Venezuela N° 12-09-01. Normas que regirán las cuentas en moneda extranjera en el Sistema Financiero Nacional, publicado en la Gaceta Oficial 40.002 del 06 de septiembre de 2012. La resolución con el Convenio Cambiario #20 permitió las cuentas en divisas en el sistema bancario local.

 

 

 

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