Descargar

Medellín: reconstrucción de la ciudadanía

FECHA: 20/11/2019
AUTOR(es): Emilia Lobo Q.

Durante las décadas de 1980 y 1990, Medellín fue considerada la ciudad más violenta del mundo. La guerra de los carteles de la droga y el desamparo ciudadano ante la desbordada inseguridad, llevó a que se registrara una tasa de 400 homicidios por cada 100.000 habitantes[1]. Se hicieron cotidianos los cadáveres en las calles, que recogía la salubridad pública por decenas cada día. Pero no siempre fue así.

Medellín entró al siglo XX como un importante centro urbano de desarrollo económico de Colombia. Sirvió de asiento para la industria del café, la metalmecánica y las importaciones, convirtiéndose en el eje de desarrollo económico, comercial y financiero. Este crecimiento urbano, llevó a la ampliación de la ciudad en nuevos asentamientos formados por campesinos que venían a buscar emplearse en la industria, en fábricas y en empresas. Para atender esta demanda, en 1899 se crea la Sociedad de Mejoras Públicas, que diseñaría e integraría un plan coherente de crecimiento y desarrollo urbano, basado en la planificación de la ciudad conforme a las necesidades. A mediados del siglo pasado se contaba con el Plan Piloto y el Plan Regulador para Medellín.

¿Qué ocurrió entonces? Simplemente la ciudad se desbordó, a partir de los años 50 el crecimiento demográfico de la ciudad traspasó cualquier planificación posible. Las diversas causas de esa migración que llevaron a más de un millón de personas a las laderas del Valle de Aburrá, son las tradicionales: abandono de los campos por la pobreza, ausencia de atención y servicios públicos para el trabajador agrícola y la violencia.

De pronto, la llegada de campesinos desplazados se tradujo en asentamientos informales, ocupaciones ilegales de suelo y aumento de la demanda de atención por parte de la ciudadanía. A la par, la institucionalidad se vio también desbordada, no hubo visión para abordar las crisis que se desarrollaba en Medellín y en todo el país, por lo que hubo una falta clara de acción estatal.

Esta situación de crisis y de inexistencia de instituciones del estado que hicieran frente y dieran respuesta, permitió el auge del narcotráfico, de las guerrillas y el paramilitarismo urbano. Las estructuras criminales sustituyeron el papel del Estado en los más diversos sentidos, coparon la vida pública y cotidiana de Medellín y utilizaron la violencia para el control territorial que les permitiera el libre desarrollo de sus actividades ilícitas.

¿Cómo logró entonces Medellín superar una crisis tan grave y en menos de treinta años convertirse en una ciudad moderna y segura?

El primer factor a tener en cuenta es que a pesar de la violencia y la anomia; los esfuerzos por pensar, planificar y proyectar a Medellín, que se iniciaron a principios del siglo XX, se fueron concretando en planes y proyectos, que siguieron adelantándose a pesar de las circunstancias, o tal vez, impulsados precisamente por el conflicto. Lo cierto es que la sociedad civil y las universidades continuaron organizándose para pensar en la ciudad y hacer propuestas para el desarrollo. Esta actividad no se detuvo ni en los momentos más críticos, convirtiéndose en un catalizador relevante en los cambios que estarían por venir.

Desde 1985 se elabora el Plan de Desarrollo Metropolitano, que va en consonancia con el segundo factor determinante: la descentralización. En marzo de 1986 se acuerda que los alcaldes serán electos por voto popular y en 1988 se elige al primer alcalde de Medellín. Este hecho, conjuntamente con la creación del Área Metropolitana del Valle de Aburrá, como instancia de coordinación municipal para el crecimiento planificado y sustentable de la ciudad.

Un tercer factor que incide en el progresivo cambio de Medellín, (y es tal vez el más definitivo), es la decisión del Estado de retomar el control del territorio de la ciudad. El proceso del desarme y desmovilización de bandas armadas, y la reinserción social de estos grupos representa la reinstitucionalización de la ciudad.

Ese espacio vacío que había sido tomado por grupos criminales, fue retomado por el Estado, a la par que en toda Colombia- por primera vez- se vivía un proceso dirigido a fortalecer el Estado ante los grupos armados irregulares y a dar respuestas ante la violencia y los efectos de la guerrilla.

La confluencia de estos tres factores, que vieron su punto culminante a principios de la década del 2000 con la desmovilización de las células de las FARC que controlaban la Comuna 13, ha permitido la implementación de planes de desarrollo urbano local que ciertamente transformaron Medellín.

El plan de gobierno local implementado desde 2003 y sostenido más o menos estable por los gobiernos sucesivos, se fundamentó en lo que llamaron Áreas de gestión: Medellín, la más Educada; Urbanismo Social, Espacio Público y Vivienda; Inclusión y Equidad; Arte y Cultura Ciudadana; Seguridad Ciudadana y Convivencia; Competitividad y Cultura de Emprendimiento.

A su vez, diseñaron como Mecanismos de Gestión: Planeación, Monitoreo y Evaluación; Finanzas y Transparencia; Participación Política y Social; Comunicación Pública e Internacionalización.

En virtud de ello, Medellín se abrió a la posibilidad de implementar todos los planes que por más de dos décadas se estuvieron preparando en espacios académicos, técnicos y de la sociedad civil organizada, lo cual ha descrito Muñoz Cardona (2019), de la siguiente manera:

“el desarrollo de la región ha obedecido a una planeación estratégica del territorio a largo plazo, la cual ha contado a su vez con la unión empresarial público-privada –partnership–, en la que la sociedad civil es el jugador sombra más importante para la construcción del territorio. La sociedad civil es el actor político, que a través de las organizaciones sociales y comunales locales inciden en el crecimiento y desarrollo económico de la región con sostenibilidad ambiental. Antioquia crece porque sus sectores empresariales y políticos trabajan unidos en pos del bienestar común de todos los ciudadanos con equidad y justicia en lo social”.[2]

El llamado “Modelo Medellín” transcurre sobre un eje central: crear conciencia de ciudad teniendo a la ciudadanía como base de la democracia. Todos los planes y proyectos puestos en práctica están diseñados para que los ciudadanos aprovechen el espacio público y se apropien de la ciudad. Al respecto comenta el ex alcalde de Medellín, Alonso Salazar (2008-2011):

“El proyecto del Modelo Medellín retoma la ética en una visión de la democracia. A partir de la ética, rompemos disyuntivas de ideologías, de izquierdas y derechas, y vamos hacia el centro de la democracia, haciendo universales conceptos como desarrollo y equidad, derechos ciudadanos, derechos humanos y cuatro o cinco conceptos básicos más. Estos principios y conceptos fueron la antesala de nuestro proyecto de ciudad”.[3]

 Con base a en lo dicho, el ex alcalde Sergio Fajardo completa esta idea, al referirse a la apropiación del espacio público:

“Además, la violencia que hemos vivido tiene unas condiciones adicionales complejas: la violencia encierra. Esta ciudad, cuando vivía unas circunstancias sociales difíciles, experimentó cómo las desigualdades sociales y la violencia entraron en círculo vicioso e hicieron que la división fuera mucho más profunda. Hablamos pues de una relación de sobrevivientes, cada cual en su espacio y con sus relaciones particulares; la gente estaba encerrada en pedacitos, en sectores; y sin comunicación, no había ciudadanía. Esto es precisamente lo que nosotros hemos venido haciendo: los espacios públicos tienen el propósito de permitir que volvamos a encontrarnos. Los Parques Biblioteca, por ejemplo, no están ideados únicamente para que la gente lea más. Por supuesto, es válido para el que vaya a leer, pero están pensados como sitios de encuentro. Y ha pasado algo maravilloso: la ciudad ha empezado a moverse de unos sectores a otros, de un lado a otro”.[4]

Luego de este largo camino que transitó Medellín y su gente, en el que la violencia y la desigualdad parecían arrebatarles el futuro que prometía el siglo XX, la determinación de sus ciudadanos, su capacidad de organizarse desde todos los ámbitos y de presionar y apoyar los cambios que eran necesarios, hicieron posible el renacimiento de la ciudad que prometía ser y que hoy es el eje del desarrollo comercial, industrial y financiero de Colombia.

Casi instintivamente, los ciudadanos han optado en las últimas dos décadas, por gobiernos de centro, que rompen el tradicional bipartidismo nacional. Medellín ha sido gobernada todo el siglo XXI por profesionales con alto criterio técnico sobre el desarrollo urbano y social, con una visión moderna y nada tradicional sobre el ejercicio de lo público y con una ruta clara: convertir a Medellín en una ciudad competitiva a nivel mundial.

Y lo lograron. En menos de veinte años, Medellín es acreedora anualmente de premios internacionales que reconocen no solo su desarrollo sino la capacidad de innovación y de adaptación a los nuevos desafíos urbanos.

Hay todavía mucho por recorrer, pero Medellín y su gente están transitando ese camino, sin olvidar el pasado, pero sin permanecer atados a él.

[1]www.elcolombiano.com/antioquia/seguridad/medellin-salio-de-la-lista-de-las-ciudades-mas-violentas-del-mundo-XN3492541

[2]  Muñoz Cardona, Á. E. (2019). El Área Metropolitana del Valle de Aburrá y las provincias. Retos de unión social y política. Reflexión Política 21(41), pp. 175-189. DOI: https://doi.org/10.29375/01240781.3319

[3] Medellín, Transformación de una ciudad. Alcaldía de Medellín 2008 / 2011. Banco Interamericano de Desarrollo BID.

[4]Medellín, Transformación de una ciudad. Alcaldía de Medellín 2008 / 2011. Banco Interamericano de Desarrollo BID.

Las opiniones y/o conceptos expresados en esta sección son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente la organización comparte lo expresado.