Descargar

Entre la Época de Cambios y el Cambio de Época

FECHA: 16/12/2020
AUTOR(es): Rommer Ytriago

A pocos días para culminar el 2020, señales importantes se han dado para el devenir de la humanidad, puede ser visto como el tránsito entre una época de cambios y el comienzo del cambio de época más trascendente, luego de dos décadas -iniciales- del siglo XXI, de progresivos sucesos que alteran la realidad internacional.

La forma acelerada en que se presentan los hechos que componen a la historia, a su vez, dan forma a las necesidades de reorganizar al mundo en su conjunto, a las dinámicas sostenidas en las relaciones internacionales y, con ello, a los procedimientos para seguir la marcha de la supervivencia planetaria.

Esta situación ha sido descrita por especialistas del fenómeno de la globalización e hibridación cultural, como un hecho en el cual se puede afirmar lo contrario, es decir: que “con perspicacia estamos en un cambio de época y no únicamente en una época de cambios” (Colina, 1998, p.228)[i].

Un nuevo Sistema Internacional parece ser el resultado que se verá de los intereses estatales, de nuevos actores que se han sumado a lo largo del milenio, de las pugnacidades por el control mundial. Todo lo que se conocía a la caída de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, del Orden Bipolar y del consecuente paso del mundo Uni-multipolar al Multipolar, dan cuenta del fin de tiempos y comienzo de otros.

Sin embargo, la variable que se muestra constante para llegar a un estado u otro o quizás estar entre ambos, es la crisis política; su existencia se deriva por la multiplicidad de fenómenos y de actores, de nuevos liderazgos mundiales y regionales, como del planteamiento de nuevos temas en la agenda internacional (ahora más reciente el Covid-19); esboza, “teóricamente”, los desafíos de los escenarios próximos de un mundo por redescubrir.

De igual modo, dentro de los elementos inmutables se percibe la presencia del fenómeno de la polarización en el marco de las ideas, Racionalistas (liberales, tradicionalistas, conservadores) y Reflexivistas (revisionistas, constructivistas y nihilistas), ponen en relieve las asperezas que alguna vez dividió al mundo en dos polos antagónicos, en una fractura Este-Oeste.

Es allí donde está la clave para entender que las posturas, liderazgos y destrezas comparten un condicionante ideológico, pues son acciones, vinculadas a lo invariable, es decir: lo militar y lo económico. En esencia, conforman el interés nacional de los Estados y los asuntos de agenda que ocupan su política exterior, esto precisa una definición cercana del fondo que envuelve a la pugna de los nuevos tiempos.

No obstante, el detonante de la sacudida mundial puede estar asociado a la existente crisis de la democracia como sistema político, de su liderazgo y, en especial de la civilización occidental, que es la que le exalta.

La época, entendida como los momentos en que se divide la historia y en consecuencia ésta al tiempo, se caracteriza por la superposición de ideas y sucesos, en la que ciertas prácticas como formas políticas “sirven de molde” para la sociedad, así como a los enfoques cuya permeabilidad establecen una realidad o perspectiva determinada.

Esa condición -propia- de la época, seguirá sujeta a lo que la contemporaneidad le indique -en el sentido de sostener los valores característicos entre una (época) y otra por los procesos y las transformaciones que se están viviendo-, pues se presta de amalgama entre lo ya transitado y lo que se comienza a andar, debido a la necesidad de lograr sostener la convivencia mundial más allá de los intereses estatales que el tiempo de la Multipolaridad ha traído.

La realidad indica que se está ante las puertas de una gran revolución, para dar respuesta a los planteamientos de la época que posiblemente estará dejando la humanidad; los nuevos mecanismos son en síntesis la recomposición de paradigmas y de todo lo que hasta ahora ha alcanzado en la historia moderna el hombre.

Pero quizás lo más importante será la forma en que aumenta la resiliencia, esa capacidad de adaptación y duración en las épocas de cambios o su disminución, lo que puede aupar el desarrollo de un cambio epocal, como resultado de periodos de crisis, de problemas no resueltos dentro de la estructura que rige al actual Sistema Internacional.

A simple vista, se transita por una época de cambios en el entendido que para alcanzar un nuevo cambio de época se requiere de muchos años y acontecimientos -trascendentales en todo caso-, de modo que “sólo la invención de la escritura y de la imprenta constituyeron cambios epocales equiparables al actual” (Roncagliolo, 1997, p.96)[ii].

Por el contrario, en el año 2001 la contundente fuerza de irrupción del terrorismo y de actores paraestatales, formuló un esquema extraordinario que dio paso a un periodo de gestación (aun vigente) para cambiar de época. Modificó al sistema y la conducta de todas las Unidades Político Territoriales.

Procesos, crisis, revoluciones, son vectores de acción para influir en los Estados, el escenario y el Sistema Internacional; no obstante, lo vivido hasta 2020 -violento, dinámico y turbulento en la realidad-, no ha sido todavía lo suficientemente capaz para instaurar el cambio, pero sí de precisar un antes y después significativo.

Generalmente, el hombre vive sin darse cuenta de lo trascendente y evolutivo, es decir, lo revolucionario de los tiempos. La revolución, término que denota cambio radical, drástico por demás, es lo que, en definitiva, logra el cambio de época, es el detonante para modificar (en micro revoluciones) a todo el sistema y las relaciones sociales.

Tal cuestión, no sólo aborda lo sistémico, también lo hace en el imaginario colectivo, permea las ideas, intereses y percepciones, de modo que donde finalmente se constituirá el cambio será por la forma en que todos los hombres hayan asimilado este hecho; de lo contrario es temerario presumir que se ha cimentado.

El reto de la pandemia, las pugnacidades entre tolerancia e intolerancia civilizacional, -en especial- porque “Occidente fue la fuente de la que manó la Ilustración y sus ramificaciones seculares y liberales, pero también fue el manantial de sus antídotos, tan frecuentemente venenosos” (Buruma, Ian y Avishai Margalit, 2005, pg. 15-16)[iii]-; como, la forma en percibir la seguridad y defensa, las concepciones económicas, las migraciones, el descenso de la democracia, los nuevos derechos humanos y el terrorismo, dicen mucho de la época de cambios que se vive.

Es por ello que el ser humano, en su indetenible proceso de encontrar adaptación a los tiempos y generar condiciones favorables para su supervivencia, puede estar, ante la década que comienza, por abordar un nuevo paradigma que le lleve a entender más su papel para el resto del siglo.

Lo importante entonces será aproximarse al campo de las ideas, como centro de batalla donde convergen las perspectivas humanas, para entender la experiencia de caminar entre la época de cambios y el cambio de época.

[i] Colina, C. (1998). Glocalización e Hibridación Cultural. Anuario Ininco, 225-241.

[ii] Roncagliolo, R. (1997).  “Los espacios culturales y su onomástica”. En la revista Diálogos de la Comunicación N°50, Lima, octubre 1997, FELAFACS, 83-104

[iii] Buruma, I., & Margalit, A. (2005). Occidentalismo: Breve Historia del Sentimiento Antioccidental. Barcelona: Península.

Las opiniones y/o conceptos expresados en esta sección son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente la organización comparte lo expresado.