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Dominación, Primacía y Hegemonía, el caso de China

FECHA: 22/07/2021
AUTOR(es): Rommer Ytriago

Recientemente ha cobrado especial importancia el protagonismo desarrollado por China en el escenario internacional, que parece saber insertarse de forma exponencial cuando el mundo transita por crisis múltiples, simultaneas y a la vez articuladas, se trata entonces de como logra sortear diversas dificultades para alcanzar dominación, primacía y hegemonía.

En este ambiente, la función del Partido Comunista Chino, juega a desplegar una diplomacia estratégica que si bien, puede tener sus detractores, también tiene adeptos y muchos de ellos son los países de América Latina que, ahogados por sus propias realidades, ven en la oportunidad de estas relaciones, caminos de superación mediante el despliegue de tratos cooperativos con el gigante asiático.

Así se ha “convertido por derecho propio en el principal socio comercial de un buen número de países latinoamericanos en términos de inversión, comercio, concesión de préstamos y construcción de infraestructuras”. (Cardenal, 2021, pág. 6)[i]. A esto hay que anexarle, que, con el proyecto de la Ruta y Franja de la Seda, genera una visión geopolítica de dominación como ninguna otra unidad política lo había hecho.

Esta situación permite rememorar la definición de Hedley Bull en “The Anarchical Society, A study of Order in World Polítics”, donde si bien, “la dominación se caracteriza por el uso habitual de la fuerza por parte de una gran potencia”, sobre sus zonas de influencia, es “(…) el continuado desprecio de las normas universales de comportamiento interestatal”. (1977, pág. 214-215)[ii] lo que les empuja a lograr sus objetivos posicionalistas.

Conviene decir que, aunque lo dicho suponga acciones fácticas, a las que sin lugar a dudas puede llegar, la primacía condicionará el terreno para que no ocurra, pues “se caracteriza por el predominio de una gran potencia en relación con un grupo de estados, sin que se recurra al uso de la fuerza o a la amenaza de usarlo”. (Bull,1977 citado por Barbé,2003, pág.242)[iii].

Entonces, conseguir que varios trayectos y caminos que conectan civilizaciones, en pretensión de ser un paralelismo de la ruta comercial que existió entre el siglo I d.C al siglo XV d.C, -donde no se mercadeaba sólo la seda y tampoco era solo comercial-, lo que se trata es de establecer como área pivote o centro de la tierra a China.

De lo dicho parte que la ruta de la seda distribuido por los corredores: Asia central – Asia occidental, China – Mongolia – Rusia, China – Pakistán, China – Indochina, China – Bangladesh – India – Myanmar, el puente terrestre Euroatlántico que les une con Madrid y Londres, y la franja marítima que conecta a más de veinte puertos en el mundo, conocido como “collar de perlas”, sea solo una parte de un constructo más amplio, multidimensional, que compone áreas en materia digital, salud, ambiental y hasta espacial de lo previsto geopolíticamente.

Ha sido una estrategia de política exterior -salir de sus fronteras-, utilizando elementos del poder blando -persuasión y captación-, para poner en marcha algo que en el mundo de las relaciones internacionales se le conoce como “poder punzante”, con miras a socavar las resistencias a su sistema político y su escalada en la política global, que en definitiva les proyecte una mejor imagen ante el mundo.

Josep Nye en un artículo titulado: “China: poder blando y poder punzante” describe que “El poder punzante es una forma de poder duro. Actúa manipulando la información, que es intangible; pero la intangibilidad no es una característica distintiva del poder blando. Por ejemplo, las amenazas verbales son a la vez intangibles y coercitivas”. (2018)[iv].

Pero, resulta imprescindible decir que, así como el Partido Comunista trata de conseguir reciprocidades, tentando en zonas extracontinentales para el establecimiento de asociaciones de amistad, la cuestión estriba en la forma de proyectar a su desarrollo tecnológico y científico para hacer ver -sin que lo digan-, que es posible vivir sin democracia.

No es fácil entender las voces de quienes ven en las maravillas de China moldes para echar a andar la superación de Estados diametralmente opuestos por sus identidades, intereses y percepciones. Sería una mirada ingenua si no se entiende que el fin último es la hegemonía mundial, puesto que si hace veinte años no era un actor decisivo en el tablero internacional, hoy día lo es.

Esa condición última que aspira sugiere que, como potencia emergente, logre ejercer un liderazgo capaz de hacerlo respetar mediante la fuerza o la amenaza, para ello, la práctica de la diplomacia de billetera (compra de lealtades), trampa de la deuda e imposición de proyectos, es una operación tenaza, muchas veces visto como vía para ser rector del patrón centro – periferia en la región de América Latina.

De igual modo, esto pasa por el aprovechamiento de recursos estratégicos, materias primas para su propio desarrollo, como de otros de carácter alimentario y energético que permiten su autoabastecimiento.

Parte de esta operación política se está logrando por el discurso chino que se acompaña de cinco principios básicos o de coexistencia pacífica, es decir: la amplia consulta, la cooperación económica, la prosperidad compartida, el dialogo de civilizaciones y la creación de felicidad de los pueblos del mundo, es la amalgama pegajosa por los que están cayendo muchos Estados en las garras del dragón rojo.

Estas circunstancias ocurren pese a “la situación política interna en China, de las graves violaciones a los derechos humanos o de lo peligrosa que puede ser la penetración de los capitales chinos (…)” (Cardenal, 2021, pág. 15).

En síntesis, todo lo acontecido sugiere hasta ahora un proceso de reimperialización, demostrando su visión del orden internacional, la promoción de valores “compartidos” pero no democráticos, la puesta en escena de una idea geopolítica y, la herramienta de la cooperación en la que trabaja sin descanso, para cumplir las expectativas de sus élites políticas que persisten en imaginarios antioccidentales.

Por lo expresado, las democracias deben tener cuidado, con los tratos que establecen y las prácticas a las que llegan a emular, como de las que se les pudiera imponer, pues la autocratización internacional pone en órbita muchos modelos, entre ellos el que corresponde a ser de dominación, primacía y hegemonía, el caso de China.

[i] Cardenal, J. P. (2021). “El arte de hacer amigos. Cómo el Partido Comunista chino seduce a los partidos políticos en América Latina”. Revista Dialogo Político, Fundación Konrad Adenauer. [Documento en línea], Disponible en: https://dialogopolitico.org/wp-content/uploads/2021/02/DP-Enfoque.-Cardenal.-2021.-El-arte-de-hacer-amigos.pdf

[ii] Bull, H. (1977). “The Anarchical Society, A study of Order in World Polítics”, Macmillan, Londres, págs, 214-215.

[iii] Barbé, E. (2003). “Relaciones Internacionales”. Barcelona: Tecnos.

[iv] Nye, J. (2018). “China: poder blando y poder punzante”. Project Syndicate. [Artículo en línea], Disponible en: https://www.project-syndicate.org/commentary/china-soft-and-sharp-power-by-joseph-s–nye-2018-01/spanish

 

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